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Un nuevo amanecer: Argentina aprovecha su potencial de energías renovables

La expansión de la producción energética contribuirá a que ciudades como Buenos Aires sean menos vulnerables a cortes de electricidad © Dominic Chavez/IFC

 

Por Vanessa Bauza, oficial de comunicaciones

Argentina es uno de los países de América Latina que cuenta con más recursos de energías renovables: vientos constantes en la Patagonia al sur del país; sol todo el año en las zonas remotas del noroeste; energía hidroeléctrica y biomasa gracias a los ríos y las extensas tierras agrícolas.

No obstante, a pesar de su potencial, el país ha quedado rezagado frente a sus vecinos más pequeños en lo que respecta a transformar esos recursos en una fuente confiable de energía. La red eléctrica de Argentina opera casi al máximo de su capacidad, por lo que Buenos Aires y otras ciudades quedan expuestas a cortes en el suministro. Menos del 2 % de la electricidad del país proviene de fuentes de energías renovables: la mayor parte (cerca del 60 %) se genera a partir de combustibles fósiles.

El Gobierno de Argentina ha comenzado a actuar con rapidez para cambiar esta situación. Declaró 2017 como el año de las energías renovables, con la intención de diversificar la matriz energética del país, atenuar su dependencia de los combustibles fósiles importados y reducir las emisiones de carbono. Para ello, puso en marcha un programa innovador denominado RenovAR. La meta: lograr que para 2025 el 20 % de la electricidad producida por el país se genere a partir de fuentes renovables.

Argentina prevé atraer en los próximos años cerca de USD 35 000 millones en inversiones en el sector energético, la mitad de ellas para energías renovables. Pero dado que los recursos públicos son limitados, el Gobierno solicitó apoyo a la Corporación Financiera Internacional (IFC) y a otros bancos de desarrollo para crear un nuevo mercado y atraer inversiones privadas en energías renovables. IFC y otras instituciones ayudaron a organizar una licitación de energías renovables, lo que incluyó e; establecimiento de un proceso para atraer propuestas internacionales.

La participación de IFC contribuyó a que los proyectos resultaran rentables y cumplieran con normas internacionales; el Banco Mundial, por su parte, proporcionó USD 480 millones en garantías a fin de reducir los riesgos financieros para los inversionistas. Este enfoque sistémico está generando un  espacio para la inversión privada y la innovación. Asimismo, ayuda a Argentina a cumplir con sus objetivos de energías renovables a la vez que moviliza capital privado y evita el endeudamiento público.

 

Crear un mercado para la inversión en energías renovables

Hasta el momento, el programa RenovAR ha superado las expectativas. La primera licitación de energías renovables en 2016, con la que se buscaba atraer proyectos para la generación de un total de 1000 megavatios terminó recibiendo ofertas por un volumen que superaba en más de seis veces lo previsto, lo que constituye una señal de confianza de los inversionistas y desarrolladores locales e internacionales. Finalmente, tras dos rondas de licitaciones, se adjudicaron más de 2400 megavatios, principalmente para proyectos de energía eólica y solar. Se espera que las licitaciones traigan financiamiento por valor de USD 3500 millones en los próximos dos años. Asimismo, se prevé organizar una tercera ronda a fines de este año. Actualmente IFC trabaja para brindar financiamiento a algunas de las empresas de energías renovables que resultaron adjudicatarias.


Sebastián Kind, subsecretario de Energías Renovables de
Argentina

Impulsar las energías renovables constituye una medida acertada tanto desde el punto de vista ambiental como fiscal. “Por cada 1000 megavatios de energías renovables, el país ahorra USD 300 millones al año en combustibles líquidos importados”, señaló Sebastián Kind, subsecretario de Energías Renovables de Argentina. “Y se reducen las emisiones de carbono en 2 millones de toneladas. Ello equivale aproximadamente a sacar de circulación 1 millón de automóviles”, añadió.

Con un enfoque sistémico, IFC y el Banco Mundial contribuyeron a tender un puente entre el Gobierno y el sector privado, que facilitó nuevas inversiones en un área clave.

“Buscamos crear mercados, trabajando con nuestros colegas del Banco Mundial y del Gobierno para abrir nuevas oportunidades”, dijo Philippe Le Houérou, Director General y Vicepresidente Ejecutivo de IFC. “Tenemos que plantearnos preguntas importantes: ¿Cuáles son los principales obstáculos que impiden el crecimiento económico de un país? ¿Cómo podemos atraer más inversiones privadas y contribuir a derribar esos obstáculos?”.

IFC está aplicando este mismo enfoque en diversos mercados emergentes de todo el mundo, en los que la falta de una infraestructura adecuada obstaculiza el desarrollo, reduce la calidad de vida y eleva los costos de las empresas. En los próximos 15 años, se necesitarán hasta USD 90 billones para construir infraestructura moderna, eficiente y no contaminante en todo el mundo, principalmente en los países en desarrollo.

Cada año América Latina invierte alrededor del 3% de su producto interno bruto anual en infraestructura, unos USD 180 mil millones de dólares. Sin embargo, para cubrir sus necesidades de infraestructura, la región tendría que duplicar esta cifra. Los recursos públicos son limitados, lo cual significa que la región debe atraer inversión privada e invertir estos recursos de manera más eficiente.  No hay que olvidar que en América Latina estas necesidades de infraestructura se agudizan por ser la región más urbanizada del mundo: cerca de 8 de cada 10 personas viven en las ciudades.

“Se observa un interés renovado en la región por generar nuevos motores de crecimiento, y el desarrollo del sector privado es fundamental en este sentido”, afirmó Jorge Familiar, vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe. “Este ha sido el primer pilar de nuestra estrategia regional: el desarrollo del sector privado y la movilización de recursos para invertir en infraestructura”.

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Publicado en abril 2017