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Por Laura MacInnis, oficial de comunicaciones

SIQUIRRES, Costa Rica – En una tarde calurosa, Franklin Zamora Esquivel y tres colegas del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) atraviesan con machetes la densa selva tropical, intentando seguir un sendero cubierto por vegetación, el cual habían recorrido dos meses antes.

Con la vista enfocada en el suelo para transitar a través del barro y evitar las serpientes, los hombres se dirigen hacia una cámara colocada en un árbol, la cual está asegurada con una cadena pesada y un candado. Al abrir la carcasa metálica que contiene la cámara, un enjambre de hormigas bala los hace saltar para atrás, pero inmediatamente prosiguen a extraer la tarjeta de memoria, reemplazarla por una nueva y luego seguir su camino.

El viaje forma parte de una misión crítica —evaluar si las medidas de protección ambiental implementadas en el área de la central hidroeléctrica de Reventazón, la represa más grande de Centroamérica, están funcionando.

«Es un laboratorio viviente increíble para trabajar», dice el biólogo Zamora Esquivel mientras regresa con las tarjetas de memoria de tres de las 40 cámaras activadas por movimiento que ICE instaló en la selva para establecer los patrones de tránsito por el área de jaguares, pumas y ocelotes. Hay un factor aleatorio —estos animales nocturnos son especialmente buenos para esconderse. «Todo lo que podemos hacer es seguir monitoreando», concluyó.


Luego de casi una década del comienzo de la construcción, la planta hidroeléctrica Reventazón de 305 megavatios ya cuenta con varios éxitos. La Asociación Internacional de Energía Hidroeléctrica la ha reconocido por su sólido desempeño social, ambiental y de gobernanza. Además, el proyecto es la razón principal por la cual en la actualidad Costa Rica depende casi exclusivamente de energía renovable para su generación de electricidad.

Pero la energía limpia conlleva compromisos. Reventazón está ubicada en el medio del subcorredor biológico Barbilla-Destierro que conecta Nicaragua, Costa Rica y Panamá, un área conocida como «la ruta del jaguar». El agua de la represa creo un obstáculo en la zona por la cual atraviesan grandes felinos y sus presas, lo cual podría aislar a poblaciones de animales que necesitan interactuar y reproducirse para su supervivencia a largo plazo.

‘Necesitamos datos’

ICE es la compañía eléctrica nacional de Costa Rica y el principal punto focal del país para la inversión del sector privado en infraestructura.

Para acceder al financiamiento de IFC y del Banco Interamericano de Desarrollo, que en conjunto aportaron 300 millones de dólares en préstamos para Reventazón, la empresa tuvo que desarrollar un ambicioso plan de acción de biodiversidad que tomase en cuenta la amplia huella ambiental del proyecto y la sensibilidad de su ubicación.

Al igual que todos los clientes de IFC, ICE tuvo que adherirse a las Normas de Desempeño Ambiental y Social de la organización internacional, las cuales requieren la aplicación de buenas prácticas internacionales en áreas que van desde la gestión de los impactos sobre las comunidades locales hasta el apoyo a la salud y seguridad de los empleados.

El estándar de desempeño de IFC sobre adquisición de tierras y reasentamiento involuntario, conocido como PS5, estableció las acciones requeridas relacionadas con la compra de tierras. Para cumplir con este estándar, ICE debió ir más allá de sus políticas habituales y diseñar un plan para ayudar a la reubicación de las familias directamente afectadas por el proyecto Reventazón. El estándar de desempeño sobre biodiversidad, o PS6, a su vez también requirió que ICE asumiera compromisos que van más allá del trabajo de mitigación durante la fase de construcción, lo que es inusual para proyectos hidroeléctricos en Costa Rica y en otros lugares.

Imagen: Reventazón es la represa más grande de Centroamérica.

Esto incluyó delinear acciones para obtener una «ganancia neta» en la conectividad entre las poblaciones de animales a lo largo del subcorredor que rodea a Reventazón durante 20 años (la duración de los préstamos del BID y de IFC). Los estándares de biodiversidad de los prestamistas también requieren de acciones para proteger a las especies de peces y camarones afectadas por la represa en el río Reventazón, que desemboca en el Mar Caribe.

«Esto va más allá de 'no dañar' —el proyecto necesita demostrar que las condiciones mejoraran con el paso del tiempo», indicó Pablo Cardinale, especialista principal en medio ambiente para IFC que trabaja en el proyecto desde los inicios de la redacción del plan de acción de biodiversidad. «Necesitamos aumentar la cobertura forestal y también asegurarnos que efectivamente sea utilizada por los animales a medida que vaya pasando el tiempo», añadió. «Para esto, necesitamos datos y cambiar nuestra perspectiva de como abordamos el tema, incluso en un país de mentalidad conservacionista como Costa Rica».


Los biólogos usan 40 cámaras para monitorear a los jaguares y otros felinos que recorren el área.

Plantación de árboles

Esto significa que científicos empleados por ICE como Zamora Esquivel —equipados con botas de goma, repelente de insectos y diarios de campo —trabajan duro para hacer mediciones en bosques y cuencas hidrográficas locales. Al mismo tiempo, especialistas forestales como Mario Castillo Chávez ayudan a las personas que viven cerca de la represa a plantar árboles y dejar intacta la jungla existente para que los animales puedan transitar con mayor facilidad. En este área verde, solo se necesitan cinco años para que los árboles jóvenes se conviertan en árboles de cuatro pies de altura.

Aquellos que optan por plantar árboles en sus tierras en lugar de cultivar granos son elegibles para un pago a través del Fondo Nacional de Financiamiento Forestal de Costa Rica, conocido como FONAFIFO, el cual el Banco Mundial ayudó a desarrollar. Castillo Chávez es bienvenido en muchos hogares de agricultores como si fuera parte de la familia. «Gran parte del éxito que tenemos proviene de las relaciones que construimos a lo largo de los años con los propietarios», subrayó.


Mario Castillo Chávez de ICE conversa con productores locales sobre el diseño de los planes de reforestación.

Otro miembro clave del equipo de investigación —Tigre, un labrador retriever de dos años que está siendo entrenado para identificar seis especies de felinos salvajes en función de sus excrementos (su predecesor, Google, otro perro especialmente entrenado, murió de un tumor en 2015 cuando tenía ocho años).

Cuando Tigre encuentra defecaciones felinas, su adiestradora Stephanny Arroyo-Arce, una científica de campo que trabaja junto a la organización de conservación global Panthera, recoge las muestras y las envía para su análisis genético. «La calidad de las muestras que una persona puede recolectar no se compara con la de las que localiza un perro detector, quienes son mucho más precisos», comenta.

Esta información ayudará a reconstruir por dónde atraviesan el subcorredor los jaguares, incluso si eluden las cámaras con sensor de movimiento.

Mientras tanto, en el río Parismina, los científicos de ICE, quienes usan botas de agua y sostienen grandes redes, documentan el estado de las especies de agua dulce —capturan, miden y liberan ejemplares en aguas rápidas. La Parismina, de flujo libre, se encuentra junto al río Reventazón y fue designada como «compensación acuática» por el plan de acción de biodiversidad de ICE, ya que provee un hábitat para las especies cuyo camino de subida fue bloqueado por la represa.

«Los ríos siempre están cambiando. Cada vez que venimos aquí es diferente», mencionó el biólogo Jorge Leiva Navarro durante una reciente exploración de muestreo. «Necesitamos de un año completo de datos para sacar conclusiones sobre las tendencias». En esta ocasión, el equipo encontró dos salmonetes y dos camarones migratorios en diferentes puntos del río —una señal positiva de continuidad. Uno de los camarones era una hembra llena de huevos.

Embajadores de la biodiversidad

Leiva Navarro, quien regularmente pasa los fines de semana junto a su hija pequeña chapoteando por el Parismina, manifestó que los científicos de ICE cumplen un rol de embajadores de la planta hidroeléctrica y de sus esfuerzos de conservación. «No solo recopilamos información importante, la población local también ve lo que estamos haciendo», dice. «Todos los que viven en esta área saben que estamos aquí, y eso hace la diferencia».

“Esto va más allá de 'no dañar'”.

— Pablo Cardinale, especialista principal en medio ambiente para IFC

Dentro de la central eléctrica de Reventazón, ingenieros y científicos de campo trabajan hombro a hombro. Eduardo Alvarado Soto, gerente de Reventazón, quien supervisa estas actividades, se ríe cuando le preguntan por las botas embarradas que se encontraban afuera de su impecable sala de control.

«Esta es la primera estación de energía en Costa Rica que tiene tanto ingenieros como especialistas ambientales trabajando en el lugar», comenta. «Contar con un equipo ambiental completamente integrado en las operaciones de la planta 'es un cambio, pero nos ayuda'», agregó. «Podemos intercambiar experiencias y entender el trabajo que hace el otro y cómo está conectado».


Ingenieros y científicos ambientalistas trabajan hombro a hombro, dice el generante Eduardo Alvarado.

En un cubículo, a pocos pasos de distancia, Zamora Esquivel se sienta frente a su computadora revisando las fotos y los videos capturados por la cámara en la selva. La tarjeta de memoria contiene dos meses de imágenes, pero él avanza con bastante rapidez —la cámara solo se activa cuando detecta movimiento.

El equipo de ICE detectó 56 especies de animales en su monitoreo, incluyendo pumas, coyotes, armadillos, zorros, conejos, iguanas y lagartos, pero en esta ocasión, hay algo nuevo. El 16 de junio a las 4:42 a.m., un ocelote entró en el marco. Un segundo después apareció la cría del ocelote.

Este descubrimiento emociona a Zamora Esquivel. Es la primera vez que se ve a una nueva generación de felinos salvajes abriéndose paso en por la represa.

«No tuvimos esta suerte antes», dijo. «Es un resultado muy prometedor».

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Publicado en octubre de 2018