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Por Inaê Riveras

BOGOTÁ, Colombia—Cuando Ángelo León y sus padres se fueron a vivir a Ciudad Bolívar en 1990, comenzaron a aparecer asentamientos irregulares en la cima de las imponentes colinas que dominan la parte central de Bogotá. No había acueducto, electricidad, ni conexión telefónica. Los residentes transportaban agua de un manantial a lomo de burro; había poca esperanza de progreso.

“La mayoría de las personas que llegaban aquí huían de alguna clase de dificultad; necesitaban un lugar donde quedarse mientras se ponían nuevamente de pie”, manifestó León, de 39 años.

Pero aquellos que hicieron de Ciudad Bolívar su hogar, como lo hizo León, han sido testigos de cambios importantes, incluida la evolución gradual de los servicios urbanos que satisfacen sus necesidades. Uno de ellos, quizás el más visible, fue la llegada del teleférico que conecta algunas de las colinas de Ciudad Bolívar [aquellas que hasta hace poco cruzaban a lomo de burro] con el sistema de transporte masivo de la ciudad.


TransMiCable representa un punto de inflexión para casi 20.000 habitantes que ahora utilizan el sistema todos los días. El viaje por aire toma cerca de 15 minutos, en comparación con el promedio de una hora y 20 minutos en los anticuados buses locales con sobrecupo que transitan a través de las calles serpenteantes y en su mayoría sin pavimentar.

IFC apoya el Proyecto TransMiCable como parte de un paquete de financiación de USD$140 millones para la ciudad de Bogotá que incluye la ampliación y actualización del sistema de buses TransMilenio en otras áreas de la ciudad. La inversión se dio tras un programa de asesoría de tres años a través de IFC Cities, iniciativa que busca mejorar los estándares sociales y medioambientales del proyecto. El programa de asesoría se implementó en alianza con la Secretaría de Estado para Asuntos Económicos de Suiza, SECO.

Cambios en el Aire, Cambios en Tierra

A lo largo de la última década, la rápida urbanización de Bogotá ha ocasionado un pico en la demanda de transporte: de 9 millones de viajes al día en 1995 a 17,3 millones en 2015. Asimismo, los bajos niveles de inversión en infraestructura han generado desafíos significativos para el sistema de transporte urbano. La situación es especialmente abrumadora en barrios como Ciudad Bolívar, que empezó como asentamientos informales sin los beneficios de la planeación urbana.

TransMiCable, que inició su operación en diciembre de 2018, ha mejorado sustancialmente la conectividad del distrito en la periferia localizada más al sur con otras áreas de la ciudad. También se ha convertido en un punto de referencia en Ciudad Bolívar, tanto para residentes como para visitantes: es prácticamente imposible no notar las pequeñas cabinas pintadas de rojo reluciente que flotan a 270 metros sobre el nivel del suelo, en un fuerte contraste con las colinas densamente pobladas del distrito.

No obstante, buena parte del impacto de TransMiCable también se nota bajo sus cables.

Entre semana, docenas de niños juegan fútbol en la cancha de un nuevo parque construido junto a una de las cuatro estaciones de TransMiCable. Alrededor de ella, las calles recién pavimentadas están repletas de transeúntes; los clientes colman los nuevos restaurantes y los trabajadores de la construcción erigen un centro integrado que proveerá servicios públicos a los residentes. Los habitantes de Ciudad Bolívar podrán pagar por primera vez sus facturas y solicitar documentos en su propio barrio sin tener que desplazarse a áreas más centrales.


Angelo León vive junto a una estación de TransMiCable, donde hace 30 años no había electricidad ni agua. © Luis Ángel/IFC

“Todo está cambiando”, dice Alfonso Mateus, un líder comunitario que lleva viviendo 20 años en el barrio Manitas. “Antes sólo había calles sucias y casi no había seguridad. Difícilmente había algún negocio porque no había a quién venderle”, expresa Mateus, al tiempo que explica cómo se ha ampliado la iglesia local.

Tienda JD es uno de los diversos negocios que abrieron gracias a TransMiCable. Su propietaria, Sandra Caicedo, manifiesta que convirtió un cuarto de 2 por 5 metros del primer piso de la casa de su hermano en un restaurante debido al gran número de personas que van y vienen de la estación cercana. “Estoy ganando más dinero del que ganaba en mi trabajo anterior. Ahora puedo ayudar a mis hijos a pagar la universidad”, expresó.


Propietaria de un restaurante próximo a una estación de TransMicable, Sandra Caciedo puede ahora proveer para su familia. © Luis Ángel/IFC

La facilidad de acceso para los visitantes que vienen de otras partes de Bogotá, en conjunto con calles más seguras, impulsan la asistencia a tours sobre la historia del lugar y a otros programas culturales, muchos de ellos organizados por fundaciones locales con apoyo de la ciudad. Los planes futuros incluyen la construcción de museos y centros de cultura.

Construcción de Infraestructura y Capacidad para Construir

La ciudad de Bogotá, que cuenta con una urbanización veloz, tenía estos beneficios en mente cuando los funcionarios dieron luz verde al proyecto en Ciudad Bolívar, un área que es el hogar de más de 700.000 personas. De este número, se considera que el 90 por ciento de los residentes son personas de ingresos bajos y más del 10 por ciento viven en pobreza extrema, con menos de USD$1,20 al día.

“El objetivo principal era hacer posible que las personas pasen más tiempo con sus familias, pero estamos pensando en el desarrollo urbano. Se trataba de reactivar a una comunidad”, apunta Yaneth Mantilla, antigua directora en el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) de la ciudad. De modo que una parte importante del proyecto consistía en conocer las preocupaciones de la comunidad y abordarlas, dice Mantilla.


TransMiCable ofrece diariamente a 20,000 personas una forma más rápida, segura y confiable para desplazarse. © Luis Ángel/IFC

Para hacerlo, el IDU lideró docenas de reuniones comunitarias de modo que los ciudadanos pudieran expresar sus opiniones. La ciudad también invirtió en un enfoque no convencional para comunicarse con los residentes: los niños del área. Los talleres llevados a cabo en Ciudad Bolívar alcanzaron a cerca de 34.000 estudiantes, quienes luego darían a conocer a sus padres lo que aprendieron sobre el proyecto. Toda la comunidad empezó a sentirse más involucrada después de esto.

“Un desafío era cómo poner en marcha esta clase de infraestructura en una comunidad que no la conocía”, recuerda Kristtian Rada, líder del programa de IFC Cities en América Latina y el Caribe. Rada menciona, por ejemplo, que algunos residentes estaban preocupados por la seguridad debido a las cabinas que estarían desplazándose sobre sus viviendas. IFC recurrió a lecciones aprendidas a partir de la puesta en marcha de proyectos similares en México y Perú para ayudar al IDU en la tarea.


La familia de Armando Ruiz tuvo que mudarse a causa del proyecto. “Estoy mejorando la casa poco a poco”, dijo. © Luis Ángel/IFC

IFC también apoyó a la ciudad en el diseño de un plan de acción para llevar a cabo el reasentamiento de cerca de 450 hogares de acuerdo con sus Estándares de Desempeño. Actualmente, Bogotá trabaja para implementar el plan, incluidos logros específicos como condiciones para acceder a la financiación de IFC. Al final de la implementación, el IDU estará en capacidad de aplicar los estándares a futuras inversiones en infraestructura. Esto resulta particularmente importante si se considera que, en la actualidad, la organización es responsable de la implementación de más de 150 proyectos diferentes de desarrollo urbano en Bogotá, la mayoría en etapas tempranas de desarrollo. Otros municipios en Colombia y algunos países latinoamericanos consideran la implementación de proyectos similares en áreas densamente pobladas.

Esas comunidades podrían experimentar lo que los residentes de Ciudad Bolívar sintieron después de la atención brindada a sus barrios: un sentido de orgullo. “Ahora somos una comunidad más fuerte”, señala Ángelo León, quien vive a unos pocos metros de una estación de TransMiCable, no muy lejos de la casa que su familia construyó cuando llegaron por primera vez, hace 30 años. “Ahora podemos decir que este es un barrio normal, y que disfrutamos de los servicios de un barrio típico”.

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Publicado en marzo de 2020