La IFC adquiere participaciones en el capital de empresas del sector privado y otras entidades, como instituciones financieras, fondos de cartera y fondos de inversión de países en desarrollo. Invierte a largo plazo y normalmente mantiene sus inversiones en capital accionario por un período de ocho a 15 años. Cuando llega el momento de vender, como mecanismo de salida prefiere la venta de sus acciones en el mercado bursátil nacional, de forma beneficiosa para la empresa, muchas veces en oferta pública.
La IFC opera en condiciones comerciales. Invierte exclusivamente en proyectos con fines de lucro y aplica las tasas de mercado a sus productos y servicios.
Para asegurar la participación de otros inversionistas privados, por lo general la Corporación suscribe entre el 5% y el 15% del capital accionario de un proyecto. La IFC nunca es el accionista principal de un proyecto y normalmente su participación accionaria no sobrepasa el 35%.
Las inversiones en capital social que realiza la IFC se basan en las necesidades y la rentabilidad previstas de los proyectos. La Corporación no asume un papel activo en la gestión de las empresas.
La IFC arriesga su capital propio y no acepta garantías públicas. Sin embargo, para cumplir exigencias vinculadas con la propiedad nacional, sus tenencias de acciones pueden recibir el tratamiento de capital o acciones nacionales.